
Trump y su lucha
Trump está escribiendo su libro y el planeta entero lo está leyendo en vivo y en directo. No es que este tipo vaya a empezar una guerra mundial mañana. Sino porque habla como si el mundo fuera un corralón y él tuviera la llave del depósito de explosivos. Le falta Mussolini, aunque Milei puede representarlo.
Los líderes europeos escuchan sus declaraciones y se miran entre ellos como diciendo: «¿Esto es diplomacia o un casting para una remake de la invasión a Polonia?”
Trump dice cosas como:
- “Groenlandia debería ser nuestra.”
- “Si no nos hacen caso, veremos.”
- “El mundo está cerca de una guerra mundial.”
Y después remata:
“Pero conmigo no pasa.”
Es como si el tipo te dijera: «Hay olor a gas, pero quedate tranquilo que yo estoy fumando afuera”
La sensación de que el mundo está en manos de gente de mierda que juega al TEG. Que cada declaración es un empujoncito al borde del abismo.
Que la diplomacia se volvió un reality show donde el premio es no volar por los aires.
Pero ojo, no estamos en una Tercera Guerra Mundial.
Estamos en algo más perverso, un clima global donde todos actúan como si pudiera pasar y eso ya alcanza para que el pulso se acelere.
No es que Trump apriete un botón. Es que otros crean que lo va a apretar. Y empiecen a mover fichas por las dudas. Y esas dudas, en geopolítica, son más peligrosas que un misil.
El mundo no estalla por un discurso. Estalla por una cadena de malentendidos, egos inflamados y decisiones tomadas a las 3 AM.
Trump no nos lleva directo a la Tercera Guerra Mundial.
Pero sí nos mete en un mundo donde la paz depende de que nadie tenga un mal día.
Y eso, es más inquietante que cualquier tanque.
