Metanse la inflación en el orto

La inflación baja. Sí. Como baja el consumo cuando te quedaste sin saldo en la SUBE y caminás veinte cuadras porque “ya fue, total es cerca”. El Gobierno festeja el 31,5% como si hubiera ganado la Libertadores.

Pero vos sabés que esto no es un milagro económico.
Es una dieta forzada: la economía adelgazó porque no hay plata para comer postre.

La inflación cae porque:

  • El salario real está en coma farmacológico.
  • Las tarifas se acomodaron a mazazos.
  • El dólar está quieto porque lo tienen esposado.
  • La demanda está tan baja que los supermercados te saludan por tu nombre.

Y mientras tanto, el ajuste sigue.
No como política económica.
Como estilo de vida.


El futuro, EnCrudo

Si todo sigue así, el país se convierte en un gimnasio sin entrenador: todos haciendo esfuerzo, nadie creciendo, y el espejo mintiendo.

La macro ordenada, la micro llorando.
La inflación baja, pero la heladera también.
El superávit fiscal, pero el déficit emocional.

El riesgo no es que vuelva la inflación. El riesgo es que nos acostumbremos a vivir sin mercado interno, sin consumo, sin ganas. Una Argentina flaca, sí, pero flaca de ánimo.


La pregunta que nadie quiere hacer

¿Se puede sostener una economía solo con ajuste?
Sí. Como se puede sostener una relación solo con silencio. Pero no dura.

Para que esto funcione, en algún momento tiene que aparecer crecimiento, crédito, inversión, salarios que respiren. Si no, la desinflación es un souvenir: lindo, pero no te sirve para vivir.

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