Motosierra a la educación

La motosierra educativa: crónica de un país que decidió ahorrar justo donde más caro sale. El gobierno del desquiciado Javier Milei encontró por fin el lugar ideal para ajustar: la educación, ese gasto superfluo que solo sirve para que la gente piense, pregunte y -peor aún- compare promesas con realidades.

En un país donde las escuelas se caen a pedazos y las universidades sostienen la luz con rezos y extensiones, el oficialismo decidió que la mejor estrategia para “liberar al individuo” es dejarlo sin libros, sin becas y sin presupuesto. Total, ¿para qué invertir en conocimiento si siempre se puede gobernar a fuerza de memes, cadenas de X y enemigos imaginarios?

Mientras los funcionarios hablan de “eficiencia”, las provincias frenan obras, los docentes pagan de su bolsillo lo que el Estado recorta y las universidades hacen malabares para no cerrar turnos. Pero el relato de los termos libertarios y sus periodistas «ensobrados» es impecable: si la educación pública se desfinancia, no es un problema, es una oportunidad. Una oportunidad para que cada familia descubra el mágico mundo de pagar lo que antes era un derecho. Una oportunidad para que el futuro deje de ser una construcción colectiva y pase a ser un emprendimiento individual. Una oportunidad, en definitiva, para que el país confirme que la ignorancia no es un accidente: es un proyecto. Después de todo, alguien voto a Milei

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