
Nos cortaron las piernas
El Gobierno del desquiciado anunció que la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) deja de existir y que todo será absorbido por el Ministerio de Salud, como si la discapacidad fuera un trámite administrativo que se puede archivar en una oficina más chica.
La explicación de estos hijos de puta es impecable en su simpleza: “eficiencia”, “orden”, “reorganización”. Palabras que ya funcionan como sinónimos de recorte, desmantelamiento y “arreglate como puedas”. Después del escándalo por presuntas coimas dentro del organismo, la solución elegida no fue investigar, profesionalizar o fortalecer controles: fue directamente borrar la institución del mapa. Problema resuelto por eliminación, literal.
La jugada es tan transparente que duele: en vez de mejorar el Estado, lo achican; en vez de proteger derechos, los diluyen; en vez de asumir responsabilidades, las reparten hasta que nadie sepa a quién reclamar. Y mientras el Gobierno promete que “no habrá recortes en pensiones”, la experiencia reciente demuestra que cada vez que dicen “quedate tranquilo”, lo mejor es empezar a preocuparse. La ANDIS desaparece, pero el mensaje queda clarísimo: en la Argentina de la motosierra, la discapacidad no es una prioridad, es un ítem a tachar.
