No pasarás

Brasil le bajó la persiana a Milei. No es metáfora: es literal. El Supremo Tribunal Federal, con el juez Alexandre de Moraes al frente, prohibió que el presidente argentino visite a Jair Bolsonaro en su prisión domiciliaria. La Justicia brasileña endureció las condiciones del arresto del exmandatario y bloqueó cualquier visita con fines políticos durante 30 días, lo que dejó sin efecto el pedido para que Milei pudiera reunirse con él. Bolsonaro solo puede recibir médicos, fisioterapeutas y abogados; nada de presidentes chupapijas buscando foto partidaria.

La escena es brutal: Milei viaja a Brasil para apoyar la candidatura de Flávio Bolsonaro, pero el país anfitrión le cierra la puerta institucional. No es diplomacia: es un límite. Brasil no quiere que su crisis política se mezcle con la épica libertaria argentina. Y la prohibición no es un gesto menor: Bolsonaro cumple 27 años de condena por tramar un golpe en 2022 y está bajo un régimen de silencio político que Moraes reforzó tras la difusión de una carta electoral por parte de su hijo. Con ese contexto, la visita de Milei no solo era inoportuna: era incompatible con la ley brasileña.

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