
Al Paredón
Leandro Paredes recibió una de las sanciones más duras que recuerdan los Mundiales: 10 partidos afuera, un castigo que lo saca del mapa por más de un año y lo mete en la misma vitrina que los casos más extremos del fútbol. Todo por el empujón a Gavi en la final perdida ante España y el descontrol que vino después. La FIFA respondió como le gusta: con mano pesada, con gesto de autoridad, con ese tono de “acá mando yo” que siempre aparece cuando el escándalo es global. Y de yapa, Nahuel Molina también quedó con 7 partidos de suspensión, completando un cuadro que deja a la Selección sin dos titulares y con un mensaje incómodo: la final no terminó en la cancha, terminó en el escritorio.
La comparación inevitable es Luis Suárez, que en 2014 se comió 9 partidos por el mordisco a Chiellini y quedó fuera hasta de los entrenamientos. Pero lo de Paredes no es un detalle: es una sanción que lo empuja a un limbo futbolístico y que recién lo dejaría volver entre septiembre y octubre de 2027, si Argentina cumple con los amistosos permitidos. Para un jugador que ya dudaba de su continuidad, el castigo es más que una suspensión: es un paréntesis que puede convertirse en despedida. La FIFA hizo lo que hace cuando quiere marcar territorio; Argentina, mientras tanto, mastica bronca y mira el calendario.
