
Mierda humana
Javier Milei volvió a cruzar una línea que ya ni parece línea: trató a Marcelo Bonelli de “mierda humana” y Nelson Castro respondió diciendo que el Presidente está “psiquiátrico”. La escena es el país en miniatura: un mandatario que convierte cada crítica en guerra personal y un sistema mediático que ya no analiza, sino que diagnostica. Milei no discute ideas, discute personas. No debate, agrede. Y cada vez que lo hace, deja claro que su pelea no es política: es emocional, impulsiva, casi performática. El problema no es el insulto —Argentina sobrevivió a presidentes peores en el arte de la descalificación— sino la naturalización de que el jefe de Estado hable como un troll con banda presidencial.
Lo más grave es lo que queda flotando después: un Presidente que necesita enemigos para sostener su relato y periodistas que terminan siendo parte del show, aunque no quieran. Bonelli fue el blanco esta vez, mañana será otro. Milei gobierna desde la furia y comunica desde la fractura, como si el país fuera un ring y él el único habilitado a pegar. Y mientras tanto, la Argentina real —la que no está en Twitter, la que no vive de la pelea eterna— mira todo esto con cansancio. Porque cuando el Presidente insulta, no solo insulta a un periodista: insulta la idea misma de que la democracia necesita voces que no le aplaudan todo.
