
Pato le meó la cancha
Patricia Bullrich volvió a marcar distancia del discurso oficialista y lo hizo donde más duele: en la realidad que el Gobierno evita nombrar. Mientras Milei insiste en que “el ajuste ya terminó” y que la economía está en camino de recuperación, Bullrich soltó una frase que corta como vidrio: “Sabemos que algunos sectores están pasando un momento difícil.” No es una crítica frontal, pero sí un mensaje claro: la ministra reconoce lo que la Casa Rosada intenta maquillar. En un gobierno que vive de la narrativa del sacrificio heroico, admitir que la gente está sufriendo es casi un acto de rebeldía.
El contraste es incómodo. Milei se mueve en el terreno de la teoría, los gráficos y la épica libertaria; Bullrich, en cambio, empieza a hablar como alguien que ve el desgaste social todos los días. No rompe con el Presidente, pero tampoco se sube al relato de que todo está mejorando. En un gabinete donde la lealtad se mide en decibeles, Bullrich eligió bajar el volumen y decir lo que muchos dentro del oficialismo piensan pero no se animan a pronunciar. Y cuando una figura clave empieza a marcar diferencias, el ruido deja de ser ruido: se convierte en señal.
