Dame un abrazo

El Día del Abrazo se volvió una de esas efemérides de mierda que las marcas exprimen como si fuera jugo de naranja de hotel barato: aguado, tibio y sin pulpa. Todo el mundo sube la misma foto de archivo con dos personas abrazándose en contraluz, mientras un copy genérico habla de “conectar con lo esencial”. En la práctica, nadie abraza a nadie; apenas se reparten likes como si fueran estampitas. La fecha, que podría ser un recordatorio sincero de afecto, termina convertida en un loop de contenido prefabricado que no abraza nada, ni a nadie, salvo al puto algoritmo.

Y lo más irónico es que el abrazo, ese gesto tan físico, tan real, queda reducido a un sticker animado que se repite en historias de Instagram como si fuera suficiente para reemplazar el contacto humano. El Día del Abrazo se vuelve así un simulacro: un abrazo sin cuerpo, sin calor, sin riesgo. Una celebración que no celebra, un gesto que no toca, una excusa más para que las marcas digan “estamos cerca” mientras mantienen la distancia social del marketing. Si los abrazos fueran tan fáciles como postearlos, viviríamos en un mundo mucho más apretado.

Deja un comentario