
Carnero internacional
Ricardo Montaner, el Guillermo Francella de Donald Trump: la figura pop que aparece para barnizar a un gobierno matón con una capa de familiaridad. En Argentina, muchos interpretan el apoyo público de Guillermo Francella a Javier Milei como ese mismo gesto: un artista de mierda que presta su capital emocional para suavizar un discurso que, sin ese rostro, sería más áspero de digerir.
En Estados Unidos, algunos leen a Montaner jugando un rol parecido alrededor de Trump: un puente lameculos para públicos que no entrarían por la puerta principal de la política.
En ambos casos, la lógica es la misma: el poder busca voces que no parezcan del poder. Caras que la gente ya tiene en el living, que funcionan como amortiguadores culturales. No cambian el proyecto, pero sí la percepción. Son el “todo bien, sigan mirando” mientras detrás se mueve la maquinaria real que oprime al pueblo y esas cosas que hace la derecha.
