Qué gobierno de mierda

El Gobierno que odia a los periodistas puso a un periodista en el directorio del Banco Nación y la escena tiene algo de guion improvisado: un hombre acostumbrado a redactar comunicados, manejar redes y ordenar conferencias ahora sentado en la mesa donde se decide el rumbo financiero del banco público más grande del país. Javier Lanari llegó por decreto, sin trayectoria bancaria, sin experiencia en crédito, riesgo o regulación, pero con la credencial más valiosa en esta administración: lealtad comunicacional. Amigo de Adorni. El contraste es inevitable: renuncia un abogado especializado en derecho bancario y lo reemplaza alguien cuyo oficio es narrar, no auditar. Un salto institucional que parece más un movimiento interno de fichas que una apuesta técnica. Típico de este gobierno de mierda.

La explicación oficial fue un gesto mínimo, casi un encogimiento de hombros: “No veo problema”, dijo el pelotudo del vocero. Y ahí está el punto. En un país donde el Banco Nación es un actor central para empresas, provincias y sectores productivos, la designación de un periodista suena a síntoma, no a excepción. Podrían haber puesto un perro.

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