
Fin.
El mentiroso de Adorni ya no renuncia: lo renuncian. La diferencia es sutil en el papel, brutal en la práctica.
La investigación por enriquecimiento ilícito lo dejó sin aire. Las compras gamer con tarjetas ajenas fueron el golpe final. En Casa Rosada hicieron números: costaba más sostenerlo que soltarlo.
Karina Milei marcó la línea. Caputo la ejecutó. El resto del manicomio acompañó en silencio, como se realiza un trámite inevitable.
Ahora trabajan en el relato de salida: “Motivos personales”, “cuidar a la familia”, “ciclo cumplido”. La coreografía clásica para no decir lo obvio: lo entregaron para frenar el incendio.
Manuel Adorni a la mierda.

