Piratas y la concha de su madre

Llegó el día. El país amaneció con ese nudo en el estómago que mezcla ansiedad, memoria y ganas de romper todo si la pelota no entra. En Atlanta, Scaloni ajusta detalles como si estuviera calibrando un reloj suizo, mientras Inglaterra llega con la soberbia habitual (piratas y la concha de su madre) y un operativo de seguridad que parece más pensado para contener fantasmas históricos que hinchas. La Selección Argentina sabe que no es un partido: es un examen emocional colectivo.


En las calles, en los clubes, en los grupos de WhatsApp, el clima es de final anticipada. Nadie habla de tácticas, todos hablan de destino. Si Argentina gana, será épica; si pierde, será tragedia nacional. El fútbol tiene esa crueldad hermosa: te levanta o te destruye sin pedir permiso. Pero enfrente están los ingleses, no es un partido más.

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